Qué duro es pasar por delante de una tienda en cuyo escaparate hay un montón de cupcakes mientras te diriges a un establecimiento una calle más abajo donde viste el día anterior un espectacular vestido ajustadísimo que estás dispuesta a comprarte.
Sí, amigos. Esto fue lo que me pasó hace unos días, y como no podía soportar la idea de quedarme sin un dulce me dije: “¡Qué demonios! Hoy toca tarta de limón“, que es ligera y os quitará esa ansiedad de comer un pedazo de pastel. Y así lo hice.
Como soy muy buena persona, además os la he traído para que la disfrutéis también sin cargos de conciencia y con la posibilidad de seguir entrando en vestidos como el que me compré yo ayer.
¡Ah! Una advertencia: la masa de la tarta no sé cómo se hace, así que siempre la compro ya elaborada y el sabor me sigue pareciendo maravilloso.